Por Horacio de DiosEn el estudio de ballet de Olga Ferri y Enrique Lommi, figuras emblemáticas del Teatro Colón, Hermès presentaba su tema del año: el baile. Alumnas, con su clásica cola de caballo, hacían juego con los tutús de tul. Sólo faltaba Edgard Degas para sentirse en el Lago de los Cisnes. De golpe, esas mismas chicas se soltaron y el ritmo del hip hop se apoderó de la escena. Se convirtieron en b-girls y b-boys, oficiantes del break dance tras el legado de Michael Jackson, como los que vemos en Nueva York en los largos pasillos del subterráneo en Time Square. Me la cambiaron pensé, al sacarme de mi libreto hasta que vi el entusiasmo con que se sumaron las espontáneas al baile mientras preguntaban cuando podian tomar clase de hip hop. Argentino al fin, me quedé en el molde como un marciano de uniforme tirando a solemne y aburrido. Recién me avivo que el cuerpo sabe mucho más de lo que creemos que sabe. Esas mujeres de treinta y pico o cuarenta y pico o algo mas sentían que los tambores latían bajo su piel. Y, paréntesis aparte, estaban tan sexis como las protagonistas de Lipstick Jungle en la serie de TV que sucede en edad y éxito a Sex and de City.
Cuando uno/una viaja experimenta cosas parecidas. Porque "lo que hay de nuevo", puede ser aproximarse a la vida que se vive sin tanto prurito. Es una de las razones de la atracción de los festivales del flamenco en Jerez (Andalucia) del O´teá (hula hula) en Tahiti en la Polinesia Francesa y en Oahu, en Hawai, de la danza del vientre en El Cairo y Estambul donde sólo considerarían una aficionada atrayente a Shakira, del Whining con las bandas de metal (percusión con barriles de petróleo) en el carnaval de Puerto España en Trinidad Tobago o de danzas autóctonas de áfrica del Oeste en Ghana y Senegal, para hacer solo algunos nombres.
Porque tengo que agendarme el Quinto Campeonato de Tango que se hace del 16 al 25 de agosto. Se me hace cuento que no estuve en ninguno y que, aún, no me animo a intentar un primer paso.
En esta breve enumeración, que las lectoras podrán ampliar porque son siempre las primeras en animarse a todo lo que vale la pena, hay varios ingredientes. El primero es la curiosidad para explorar. En la música todo es importante pero el baile permite expresar sin pudor lo que no siempre es lo correcto para las abuelas de antes. Por ejemplo nadie se ruboriza al repetir que el tango es un pensamiento horizontal que se expresa verticalmente. Es hablar en difícil aunque suene lindo. En los espectáculos las bailarinas llevan polleras ajustadas (En España decir faldas porque pollera no es elegante aunque nadie ignore porqué) Y por supuesto medias negras caladas como en la portada del CD Bajo Fondo. Con zapatos Elvira con tiritas para ajustar el empeine que puso de moda la compañera de Virulazo. Y es un elogio hablar de piernas de milonguera, de lo nuestro, lo mejor.
La sugerencia para disfrutar mas y gastar lo menos posible, es acercarse a la vida real. En Paris siempre se puede ir al Moulin Rouge y ver el Can Can como lo pinto Toulouse Lautrec, Es estupendo pero cuesta 95 euros el show solo y 125 si quiere comer. Es estar en la platea, igual que en un partido de fútbol. En cambio, sin can can, puede ir a la cancha y prenderse en uno de los muchos bailes populares municipales sobre la playa del Sena. No paga nada salvo por tomar o comer algo en un quiosco callejero de precios económicos. Y al rato, con los acordeones (guinguettes) que brotan por todas partes se meterá en la fiesta sin preocuparse demasiado por saber o no francés o preocuparse si pronuncia bien o mal. Basta con las ganas de divertirse que eso no es fonética sino existencial porque la música lo lleva . Así en Paris igual que en Estambul, Cairo, Dakar, Honolulu, New York o Buenos Aires.
Cuando uno/una viaja experimenta cosas parecidas. Porque "lo que hay de nuevo", puede ser aproximarse a la vida que se vive sin tanto prurito. Es una de las razones de la atracción de los festivales del flamenco en Jerez (Andalucia) del O´teá (hula hula) en Tahiti en la Polinesia Francesa y en Oahu, en Hawai, de la danza del vientre en El Cairo y Estambul donde sólo considerarían una aficionada atrayente a Shakira, del Whining con las bandas de metal (percusión con barriles de petróleo) en el carnaval de Puerto España en Trinidad Tobago o de danzas autóctonas de áfrica del Oeste en Ghana y Senegal, para hacer solo algunos nombres.
Porque tengo que agendarme el Quinto Campeonato de Tango que se hace del 16 al 25 de agosto. Se me hace cuento que no estuve en ninguno y que, aún, no me animo a intentar un primer paso.
En esta breve enumeración, que las lectoras podrán ampliar porque son siempre las primeras en animarse a todo lo que vale la pena, hay varios ingredientes. El primero es la curiosidad para explorar. En la música todo es importante pero el baile permite expresar sin pudor lo que no siempre es lo correcto para las abuelas de antes. Por ejemplo nadie se ruboriza al repetir que el tango es un pensamiento horizontal que se expresa verticalmente. Es hablar en difícil aunque suene lindo. En los espectáculos las bailarinas llevan polleras ajustadas (En España decir faldas porque pollera no es elegante aunque nadie ignore porqué) Y por supuesto medias negras caladas como en la portada del CD Bajo Fondo. Con zapatos Elvira con tiritas para ajustar el empeine que puso de moda la compañera de Virulazo. Y es un elogio hablar de piernas de milonguera, de lo nuestro, lo mejor.
La sugerencia para disfrutar mas y gastar lo menos posible, es acercarse a la vida real. En Paris siempre se puede ir al Moulin Rouge y ver el Can Can como lo pinto Toulouse Lautrec, Es estupendo pero cuesta 95 euros el show solo y 125 si quiere comer. Es estar en la platea, igual que en un partido de fútbol. En cambio, sin can can, puede ir a la cancha y prenderse en uno de los muchos bailes populares municipales sobre la playa del Sena. No paga nada salvo por tomar o comer algo en un quiosco callejero de precios económicos. Y al rato, con los acordeones (guinguettes) que brotan por todas partes se meterá en la fiesta sin preocuparse demasiado por saber o no francés o preocuparse si pronuncia bien o mal. Basta con las ganas de divertirse que eso no es fonética sino existencial porque la música lo lleva . Así en Paris igual que en Estambul, Cairo, Dakar, Honolulu, New York o Buenos Aires.
Herramientas: Crónicas de un viajero.








