lunes 7 de julio de 2008

Un bus llamado deseo

Por Horacio de Dios
El mundo que conocimos se fue igual que Astor Piazzolla o Frank Sinatra. Nos quedan los recuerdos, las grabaciones, las fotos cuando las cámaras no eran digitales ni servían para hablar por teléfono. En diez años la realidad dejó de ser lo que era. El peso convertible del empate uno a uno termino goleado por el euro 5 a 1. Nosotros tampoco somos los mismos. Pero estamos vivos y con ganas de seguir viajando y la cuestión es encontrarle la vuelta- Hay que estar mas contentos con lo que tenemos que agobiados por lo que nos falta. Por eso hay un Ómnibus llamado Deseo. Gracias al emilio (e-mail en la jerga globalizada) aprendí mucho de los lectores esta semana y me pude ver en el espejo compartido. En muchos mensajes se prefiere viajar como antes, por su cuenta, individualmente, improvisando sobre la marcha al compás de sus ganas.
Comparto la idea pero no me da el cuero igual que a la mayoría. Recuerdo mi visita a la Alhambra. Tuve la suerte de alojarme en el Parador de Granada (hoy 350 euros) y despertarme con el murmullo de la fuente igual que los moros. Ahora, los que quieren visitarla, como me contó la señora Elena, no tienen seguridad de poder entrar porque hay limites si no se han reservado los tickets con mucha anticipación por Internet
http://www.alhambra.info y hay excursiones que no pueden cumplir sus compromisos y la gente queda afuera porque las entradas estan agotadas.
La verdad no es ni mala ni buena, lo que no tiene es remedio canta Serrat que pierde el pelo pero no su encanto.
En España se dieron cuenta que el ómnibus podía servir como carpa itinerante de costo menor. Primero para pasear en su país y luego en la Europa grande de los 27 que forman la UE. Lo que no suele pasar en el resto del viejo continente donde no es tan popular el auto transporte turístico de clase media. Tampoco uno puede, como sucede en Buenos Aires, Córdoba o Rosario, irse hasta la terminal y armar por su cuenta su viaje en varias boleterias. Allí todo hay que hacerlo por Internet y es mas simple adquirir un pasaje en tren o en avión, aun de bajo costo, que en un micro.
No hay, un galgo en la carrocería Greyhound igual que en la película de Marilyn Monroe “Bus Stop” (1956) o las novelas de descubrimiento personal “On the road” (En el camino tipo Jack Kerouac.
En nuestro país nos quejamos, y con razón, de no tener un buen servicio aéreo ni ferroviario. Me gusta pasar el verano en Traslasierra, en Córdoba. A 20 kilómetros, en Villa Dolores, hay una pista donde a lo sumo aterriza una avioneta privada para alegría del pueblo. A la misma distancia hacia el otro lado hay un moderno aeródromo en Merlo, al lado, en San Luis, con muy pocas frecuencias.
Entonces para hacer los 900 kilómetros desde la Capital necesito dos días en auto. Tengo que hacer noche a mitad de camino por el stress de manejar en las rutas nacionales 7 y 8 con doble mano aunque cobren como autopistas. Me juego la tranquilidad o la vida en cada sorpasso por el paso interminable de camiones. Mi solución, y la de muchos, es tomar un micro con coche cama y dormir 11 horas mientras otros manejan. No comprendo porque, con una magnifica flota, no hay más equivalentes a los de España para pasear haciendo escalas en hoteles modestos por Cuyo, el Litoral, el Norte o el Sur. Los jubilados, en sus excursiones fuera de temporada, nos dan un ejemplo a seguir. Los retirados, igual que los mochileros, saben aprovechar el poco dinero que tienen porque lo que mas vale, el paisaje y su gente, no tiene precio. Que de eso se trata. Reconocer que uno es pobre es la mejor manera de dejar de serlo.