lunes 7 de julio de 2008

Europa en bus

Por Horacio de Dios
El caracol lleva su casa a cuestas y eso no le impide moverse. A su modo, sin pretensión de apuro llega adonde quiere. Algo así me ocurrió cuando recorrí el norte y centro de España en un ómnibus de excursión.
Fue uno de mis viajes más placenteros porque fui haciendo en 14 días escalas en el país vasco (San Sebastián y Bilbao) Santander y Asturias sobre la cornisa del Cantábrico, entrando luego a Galicia por Lugo, A Coruña y Santiago de Compostela para seguir después a Madrid previo paso de Salamanca y Avila. Viajaba con todas las comodidades en un vehículo moderno, con un buen guía profesional en mi propio idioma y amplios ventanales a un paisaje de la España Verde. Usamos las autopistas sólo para los tramos largos y disfrutamos más de los caminos interiores donde se ven las casas y la gente y no empalizadas que son iguales en todas partes. Las etapas eran cortas, menos de tres horas, y me hospedaba una o dos noches en lugares de tres estrellas en cada tramo básico. Tenía visitas programas no obligatorias y tiempo libre para armarlo a mi antojo. Después de un buen desayuno buffet que equivalía a un almuerzo, caminaba hasta agotarme y me dejaba llevar por un tente en pie con las tentaciones gastronómicas de la Madre Patria. Por la noche tenía la comida incluida y caía rendido en la cama con la satisfacción del paseo cumplido soñando con lo que iba a hacer al día siguiente.
Mi experiencia fue muy parecida a la que se ha puesto muy de moda en la Europa Grande, la nueva de los 27. Distinta a aquella película: hoy es martes, debe ser Bruselas. No es una maratón en continuado sino una posibilidad de conocer el menú. Y luego, al saber de qué se trata, elegir los platos que más nos interesan. Los europeos en general y los españoles en particular, han desarrollado un formidable surtido de programas que permiten recorrer el viejo continente a un costo razonable, el equivalente a una palabra en inglés que cada vez se usa más: affordable. Significa no sólo precio menor sino adecuado a mis posibilidades que se angostan cuando uno gana en pesos y tiene que gastar en euros.
Los grandes operadores que organizan estos programas no se limitan a un sólo país o grupo de grandes ciudades sino que arman itinerarios muy diversos que pasan por lugares poco conocidos o que antes estaban detrás de la Cortina de Hierro. Hay para distintos gustos y bolsillos, de la misma forma que en los aviones existe la clase económica junto a ejecutiva y primera
Sobre gustos, afortunadamente, hay mucho escrito y aún más por escribir. Una cosa es un viaje acompañado y otra hacerlo por nuestra cuenta. Pero los costos son muy diferentes porque en grupo se dividen las expensas y se logran mejores cotizaciones para alojamientos o comidas. En cambio uno tiene que enfrentarlo a solas desde los transfer a las propinas del equipaje.
Saber viajar es la clave porque viajar a casi todo el mundo le gusta. El uso del ómnibus no suele ser tan seductor como los trenes y los aviones. Sin embargo se complementan porque no sólo han creado un mercado de turistas que antes no existía sino que al compás del publico introducen variantes. Hay distintos niveles de precios y hoteles mientras se abren alternativas de media confección para ajustarlo a nuestros gustos. Igual que en los cruceros, es posible iniciar el viaje más allá del punto de partida o cortarlo antes. O incorporar opcionales para aprovechar una extensión no prevista o redondearlo por nuestra cuenta para seguir en tren en Eurorail o en los aviones de Low Cost. En todos los casos debemos conocer para ver porque no hay peor ciego que el que no quiere ver ni conocer.